lunes, octubre 11

El tren




Cuando Guillermo Meza, un buen amigo, me contó que estaba interesado en escribir una historia tipo cómic y hacerla una animación utilizando como personaje principal a NEGRO trabajando para una extraña y misteriosa orden que llamó "la orden M" (Eme de misterio dijo él).
En esta historia, Negro, un vagabundo de orígenes desconocidos resolvía casos para esta extraña orden misteriosa y mística, terminando con la frase: "Soy el mejor en lo que hago..."

Pasó el tiempo y yo esperé tal animación, escrito o algún adelanto del cual vi un pequeño bosquejo del dibujo de NEGRO el cual captaba a la perfección la imagen. Después más nada, años y el proyecto murió en el olvido.

El 1ro de Noviembre de 2009 a las 00:01 hrs comencé a escribir cómo contaría yo la historia que Memo había propuesto. Con solo los datos que ya expuse surgió lo que dio forma la introducción y continué escribiendo unos 4 o 5 relatos de aventuras. Después me detuve y luego de algunas correcciones acomodé la historia en 7 capítulos más una introducción, dejando hasta la fecha la historia inconclusa.
El 4 de Septiembre de 2010 colgué la introducción de Las aventuras de NEGRO y la Orden Roja, Proyecto AVATAR; poco más de un mes después lo que había comenzado más a modo de broma local y como una manera de yo, como escritor, contar una idea de otro, ha alcanzado los 5 continentes.

Poco más de 700 entradas y creciendo día a día. En parte a uds, los que me leen desde su Mac, que aún utilizan xp, aquellos que me leen en sus blackberries, sus Iphones, los de linux, los que prefieren el firefox, los pocos que navegan con safari... todos ellos, todos uds no queda más que colocar esta pequeña entrada y decir que el tren ya agarro marcha... sigan con nosotros.


Sinceramente:
Negrotipo Inmunsapa




MMX
Mercenary of GOD Productions ®
Purple Images©



miércoles, octubre 6

"El Hijo de Lillith" (El terror nocturno) Cap V



Sábado 22 de mayo
Camino apresuradamente por las calles de la ciudad volteando en todas direcciones buscando alguna señal que pueda indicarme si voy por el camino correcto. Pasa el tiempo y la desesperación comienza a apoderarse de mí.
-Calma NEGRO, entra en calma- me digo a mi mismo en voz alta.
Regreso mis pasos unas cuantas cuadras y trato de ubicarme revisando el nombre las calles. Enciendo un cigarro y envío un mensaje con mi teléfono.
Mis oídos detectan el sonido típico que emite una motocicleta, volteo simplemente para la confirmación visual: una chopper en negro y plata con algunos vivos púrpuras se aproxima.
Un tipo de cabellos largos y rojizos viene conduciendo, viste una gabardina de piel y cuando está cerca fija sus ojos en mí. Me parece familiar, aunque de momento no logro recordar donde lo he visto. El hombre sonríe maliciosamente mientras se baja de la moto y se aproxima; agita sus dedos llenos de anillos que lo cubren por completo a modo de garras y se abalanza sobre de mí.
La tenue luz de las lámparas callejeras iluminan su rostro lo suficiente para que mi mente reconozca y recuerde al antiguo poseedor de la cruz cruzada, el primer objeto que recuperé para "la Orden Roja". El garrazo choca contra la mochila que alcanzo a interponer en la trayectoria del golpe. Hago lo mismo un par de veces más usando el morral como escudo, al tiempo que me voy echando para atrás y observo cualquier posibilidad para contraatacar. Tiro una patada intentando barrer al pelirrojo pero mi oponente es más diestro que yo y logra esquivar mi ataque; él realiza una patada de giro digna de un artista marcial de la cual apenas escapo con dos largas zancadas que me arrinconan contra una pared.
-¿Dónde está la cruz?- pregunta amenazador
No respondo nada, pero noto algo extraño en mi cabeza. Un ligero dolor en la sien me inunda y percibo con claridad como mi pierna izquierda comienza a adormecerse. ¡El tipo está tratando de entrar en mi cerebro!
Un estruendoso sonido invade la solitaria calle; 355 caballos de fuerza hacen su aparición y los escasos segundos que gano con la distracción me permiten reaccionar. Dejo caer la mochila, hago ligeramente mi columna hacia atrás junto con los hombros y cuello para después impulsarme con todas mis fuerzas hacia delante, soltando un cabezazo a mi contendiente. Para mi sorpresa, en vez de sentir como mi frente choca contra el rostro del fulano, me veo envuelto en una oscura niebla y caigo de bruces en la banqueta.
El patinar de las llantas del flamante Shellby Cobra rojo me hace reaccionar, me incorporo de inmediato y la niebla viaja hasta la moto para reformarse nuevamente en el tipo de la gabardina que arranca justo en ese momento para alejarse del lugar.
No intento alcanzarlo, en vez de eso pongo a trabajar mi cerebro y me aseguro de no tener mis pensamientos invadidos por el fulano, no lo siento dentro de mi cabeza y eso me tranquiliza un poco, apenas un poco.
No tengo idea de qué tipo de criatura es, sin embargo seguro estoy que nos reencontraremos.
Del clásico auto del año 67 se baja un hombre joven de 1.90 de estatura, largos cabellos castaños, ojos de color, vestimenta informal y una cámara fotográfica.
-¿Estás bien NEGRO?-
-Sí, gracias Ian-
Ian Andazury, fotógrafo freelance y viejo conocido. Que el color del mustang no te confunda, nada tiene que ver con la orden.
-¿Qué era eso?-
-Un motociclista- digo mientras tomo mi mochila y subo al auto.
Por supuesto que sé a la perfección lo que Ian quiere saber, simplemente trato que note mi respuesta esquiva para qué no intente averiguar más.
La naturaleza innata de cualquier buen fotógrafo es observar, capturar a través del lente escenas y proyectarlas a una audiencia. No se trata simplemente de hacer “click” en la cámara, si no de mostrar luces, colores, texturas y formas.
-¡Era una niebla oscura que se volvió un motociclista! ¿Qué diantres está pasando?-
-¿Tomaste alguna foto Ian?-
Lo conozco. Pudo encontrarme siendo atravesado por los anillos en forma de garras de plata y antes de hacer cualquier cosa hubiera tomado su cámara para capturar el momento.
-Solo un par, me tomó por sorpresa. No creo que sean muy buenas, hay muy poca luz- responde mientras comienza a conducir el auto clásico.
-Voy a necesitar una, salga cómo salga-
-¿Y yo que voy a ganar NEGRO?-
Mi pierna tiembla, una vibración viene acompañada de la marcha de las valkirias de Wagner. Contesto el teléfono, es gente de la orden que me ordena presentarme de inmediato para la siguiente misión. No digo nada de lo ocurrido para que Ian no se entere y simplemente cuelgo.
-Tú dame la foto y de acuerdo al resultado estipulamos precio. De momento no iré contigo a la fiesta, lo siento me surgió algo que hacer-
-¿Cómo que no vas a ir? ¡No me puedes dejar solo! ¡Ella va a estar ahí! ¿Qué voy a hacer?-
Ian Andazury, fotógrafo freelance, dueño de un Shellby Cobra rojo del 67, 1.90 de estatura, ojos claros, complexión atlética, poseedor de la inseguridad más grande que jamás he visto cuando se trata de entablar una conversación con una mujer que le gusta.
-No te preocupes, escribiré algunas frases que le puedes decir. Detente, aquí me bajaré yo-
No dice nada. Sacó una hoja de mi carpeta y le pongo frases simples para acercarse a entablar una conversación informal, solo necesita un empujón para que pueda hablar de lo que conoce y será todo. Cuando me bajo y le doy la hoja me observa como si fuera un niño en su primer día de clases separándose de su mamá. Toma la hoja y la mira para terminar diciéndome que es disléxico.
La masa consensual no tiene idea de que significa ser disléxico: la discrepancia entre el potencial de aprendizaje y el nivel de rendimiento de un sujeto, relacionado con la lectura, escritura o la escucha.
En el caso de Ian son las dos primeras.
-No te preocupes, prometo que lo arreglaremos después-
Llego a un mercado, la mayoría de los locales se encuentran cerrados y muchos otros están haciendo lo propio debido a la hora. Paso por un puesto donde abundan las manzanas, fresas, cerezas, arándanos, frambuesas y toda clase de frutas rojas. Ahí el dependiente confirma que soy el NEGRO y le reporto el evento ocurrido, extiende una tarjeta con lo que él llama “número de atención a miembros”, lo guardo en la agenda de contactos de mi celular mientras me dice que aguarde.
Reviso la tarjeta y lo primero que llama mi atención es un logo color rojo en forma de una especie de tridente. En realidad es la “psi” (Ψ), vigésima tercera letra del alfabeto griego, símbolo de la psicología y asociada a los llamados “fenómenos psi” ó paranormales, manifestaciones que están por encima de lo “normal”.

-¿Por qué entre comillas?-
Lo normal. Según el diccionario, es aquello conforme a la regla, a la norma. Una norma es un precepto y un precepto es un mandato obligado para el cumplimiento. Para mí no existe el término “normal” por lo que generalmente lo utilizo entre comillas. En realidad aquello paranormal solamente es lo que la masa consensual no acepta cómo posible, lo que aún no descubre como parte de la realidad natural.
-¿Estás diciendo que lo paranormal es realmente natural?-
Tan solo date cuenta de esto: Aproximadamente en el año 300 a.C., en Grecia se postuló la existencia del átomo, hoy por hoy es una norma su composición, pero no fue si no hasta después de 1611 años que se estipuló la estructura que todos conocemos. Y ahora piensa en esto ¿Has visto un átomo de verdad? ¿Conoces, en persona, a quien si lo haya hecho? Quizá en unos mil años más lo paranormal deje de serlo…pero nos estamos perdiendo.
Noto como el dependiente parece estar pesando algunas manzanas pero alcanzo a notar como hace ciertos gestos y señas. Cuando dos tipos vestidos en trajes oscuros y corbatas rojas -que desentonan aún más que yo- aparecen en el mercado, intuyo que en esta ocasión la misión es distinta. Salgo con los dos personajes del mercado para subir en una limosina, mientras los dos tipos pasan a la parte de adelante. Viajo solo y disfruto del refresco de cola que hay en la hielera del auto de lujo, hasta que la limosina llega a un ostentoso hotel. Soy escoltado por los dos tipos de las corbatas rojas que tienen toda la apariencia típica de guardias de seguridad o agentes del servicio secreto de las películas hollywoodenses. Llegamos a un salón de juntas llamado “Roten Halle” la puerta de madera de se abre y cruzo el portal para encontrarme a cinco personas sentadas en la larga mesa, que deja vacíos ocho lugares.
Reconozco a cuatro de los presentes: Ichiro-san, el encargado del reclutamiento y líder los shinobi de "la Orden Roja" y el Dr Akiai, su mano derecha. A su lado un tipo vestido con una camisa casual a cuadros rojos, tejana y bigote. “El Patrón”, dueño del rancho “el carajo” donde capturé al hipyrion, el caballo de fuego. Sorpresivamente también está ahí su excelencia el Cardenal Rosso, el cual sigue debiéndome un favor por liberarlo de un imp. A la cabecera una mujer de enormes ojos y rasgos árabes, cuelga de su cuello una efigie conocida como la mano de Fátima. A ella es la primera vez que la veo.

-Pensé que el favor te lo había pagado al permitirte estar en el confesionario-
No. Me sigue debiendo un favor; el Cardenal es el primero en hablar.
-
NEGRO estamos en una situación verdaderamente complicada y por ello te hemos traído a esta reunión de emergencia- la rasposa voz del cardenal me deja notar su preocupación.
Tomo asiento en el extremo de la mesa y aguardo para escuchar que tienen que decirme los que parecen ser miembros de peso dentro de la misteriosa orden.
-Varios miembros de la orden han desaparecido, la gran mayoría de ellos poseen ciertas habilidades, situación que obviamente nos preocupa-
-¿Qué quieren decir exactamente con “ciertas habilidades”?- pregunto con la perspicacia tan natural en mí.
-Fenómenos psi- responde Ichiro-san, en un español con marcado acento.
-Además de esa peculiaridad, ¿Qué más hay en común con los sujetos desaparecidos?-
Observo a los cinco presentes con toda mi atención. Tanto Akiai como “El Patrón” evitan verme. Ichiro-san, el Cardenal y la misteriosa mujer se lanzan miradas con cierto aire de complicidad; después de un corto silencio la mujer afirma con la cabeza, Ichiro-san dice algo en japonés y el Dr Akiai me entrega una especie de archivo. Mientras abro la carpeta para darle un vistazo, la mujer comienza a hablar.
-Encontrarás distintos nombres, direcciones y fotografías de algunos de los desaparecidos, así como las habilidades que poseían. También está gente que aún no desaparece pero que podrían tener relación entre sí, pues tuvieron contacto con el objeto-
-¿Cuál objeto?-
Es obvio lo que viene como respuesta, además la mujer dijo “poseían”. Mi mano derecha va a la bolsa trasera de mi pantalón en búsqueda de mi encendedor que coloco sobre la mesa de madera para después extraer el último de los cigarros de la cajetilla con la misma mano.
-La cruz cruzada, tú conoces el amuleto
NEGRO-
-Pues su antiguo dueño me localizó antes de venir para acá, por lo que no se necesita ser un genio para saber que él está detrás de las desapariciones. Solo es localizarlo, ustedes obviamente saben quién es-
-Su nombre es Atanasio Tympanios, pero no sabemos mucho más de él-
-Seamos claros ¿O.k? El tipo no es humano, independientemente de su agilidad puede transformarse en niebla y además tiene telepatía. Si no me dan los datos correctos seguramente vendrá por más miembros de la orden, pues lo que quiere es la cruz. Comencemos con ¿Con que nombre te llamo a ti mujer?-
-Khadija- dice secamente.
-Bien. Khadija, Cardenal, Ichiro-san, Akiai, “Patrón”. Tienen al mejor hombre para esta misión, necesito saber dos cosas: ¿Qué hace exactamente la cruz? Y ¿Cuál es la relación exacta de los desaparecidos con el amuleto?-
-Cuando una reliquia cae en manos de la orden esta es custodiada por un grupo para su resguardo y estudio, los desaparecidos eran miembros de tal encomienda. La cruz cruzada proviene de la vieja Germania, fue símbolo de una antigua ordalía de hechiceros góticos que adoraban a la noche, además de ser un arma oculta por su base en forma de daga parece proteger a su poseedor de sus enemigos-
Son todos los datos que recibo, salgo del hotel con el archivo en la mochila y decido pasar con Shua Ben Yosef para que me ayude a buscar en el Sefer Shedim algo respecto a algún tipo de espíritu que sea capaz de transformarse en niebla y posea telepatía.
Además de los nombres de seis personas, el archivo contiene una explicación de los fenómenos psi, englobados como las manifestaciones producidas por la mente de un individuo, un perfil del tipo de personas capaces de producir tales fenómenos, las condiciones necesarias para su producción, ondas cerebrales y una clasificación en dos tipos: fenómenos objetivos y fenómenos subjetivos.

-Explícame cual es la diferencia-
Los primeros son llamados PSI-KAPPA (ΨΚ) y abarcan todos aquellos que son de orden físico. Los ejemplos más famosos serían la psicokinesia y la levitación.
Los subjetivos, llamados PSI-GAMMA (ΨΓ), son los de un orden mental. La telepatía, la clarividencia y la precognición suelen ser los más conocidos. La criptomnesis, la memoria de las cosas ocultas, lo que se supone tengo yo, entra en esta categoría.


Paso toda la noche estudiando cada dato que contiene el archivo. El sueño me vence cerca de las 5:00 a.m y la oficina del judío converso me sirve de resguardo para descansar.

Domingo 23 de Mayo, 18:30 hrs
Salgo de la oficina dejándole el libro a Shua con el plan de vigilar a los otros miembros de la orden que vienen en el archivo y aún no han desaparecido. Veo en la lista un nombre: Violeta Fremder y una fotografía que muestra de manera notoria a una mujer perteneciente a la subcultura gótica, situación que confirmo cuando llego a una especie de casona-bar donde está plagado de diferentes individuos, dignos de cualquier película de vampiros.
Recorro el lugar tratando de encontrar a Violeta, cosa nada sencilla pues estoy en “gothilandia” lo que dificulta su localización. Voy observando detenidamente cada rostro con el que me cruzo hasta que me encuentro con uno conocido; para mi desgracia no es el que busco, al menos no en ese momento. Atanasio Tympanios se percata de que me encuentro en “el oscuro santuario” y su mirada refleja un claro gesto de odio. Comienzo a moverme en dirección a la salida al tiempo que hago una llamada pidiendo ayuda. Ya en la calle, comienzo a correr mientras continuo hablando por el teléfono. Procuro moverme hacia alguna avenida más transitada y le doy indicaciones a mi interlocutor del lugar en el que me encuentro.
-Dame 10 minutos- dice la voz del otro lado del auricular.
Cuelgo. Volteo buscando que Tympanios aparezca de un momento a otro. Enciendo un cigarro a la espera de que pasen por mí. Veo el reloj del celular, tres minutos apenas. Cada automóvil que pasa, cada ruido de motor me pone alerta. Doy bocanada tras bocanada a mi cigarro y expulso el humo con impaciencia; entonces lo escucho, el sonido es inconfundible: una especie de ronroneo, típico de una chopper y la motocicleta en plata y negro con vivos púrpuras se acerca, aumentando la velocidad. Comienzo a correr todo lo que puedo tomando el sentido contrario al tránsito vehicular pero a Atanasio Tympanios no le importa y conduce la motocicleta persiguiéndome.
Está a punto de alcanzarme cuando un bólido escarlata hace su aparición, derrapa justo enfrente de mí y queda a un par de metros de distancia. La puerta del copiloto se abre y yo salto hacia el interior del Shellby Cobra ´67 dejando un peso atrás. No es un peso alegórico; la mochila, lastimada en mi pelea previa, se rompe de los tirantes cayendo por su peso al suelo, justo cuando yo logro entrar en el auto que conduce Ian Andazury, que pisa el acelerador a fondo.
-¡Mi mochila!- grito con cierta desesperación
De nada sirve. Mi Biblia, el Corán, el siddur, los dos diccionarios, los tres libros de kabbalah, mi carpeta, mi enciclopedia de los símbolos, el kybalión… todo queda atrás y alcanzo a ver a lo lejos como Tympanios se detiene a recoger mis cosas.
Ian pregunta si deseo regresar, sin embargo sé que sería ponerlo en riesgo por lo que a pesar de que en realidad quisiera recuperar mi mochila y todo su contenido le digo que no. Agradezco su intervención y me entrega las dos fotografías que había tomado.
-Ninguna sirve. Solamente aparece el tipo no la niebla- dice un poco decepcionado.
-Prometo que te pagaré por ellas, Ian-
No digo más y el respeta, durante varios minutos, mi silencio. Voy pensativo, el archivo que me dio la orden también se quedó en la mochila. No recuerdo con exactitud cada nombre, ni las facultades Psi de los sujetos, pero sí alcanzo a recordar una dirección. Tympanios se dirigirá tarde o temprano ahí.
-¿A dónde vamos?- pregunta Ian

Le indico la dirección y noto que utilizó el plural, no lo corrijo porque tiene razón aunque no pretendo más que me lleve al lugar y después se retire. Casi estamos por llegar cuando suena mi teléfono. Es Shua, que parece tener buenas noticias:
-
NEGRO ya encontré lo que querías en el Sefer Shedim. Según el libro, que lo sustenta con citas de Gershom Scholem, teólogo israelí, existe un shed de nombre “Arpad Lehashmid” que tiene entre sus conocimientos de “las realidades metafísicas” la capacidad de cambiar de forma, desmaterializar y materializar su cuerpo; además dice que se alimenta de sangre y carne por ser un “benoi-lilith”, para que me entiendas uno de los hijos de Lillith, la primera esposa de Adam-
-¿Un vampiro judío?-
-No existen los vampiros judíos, ¡NEGRO ignorante!-
-Muchas gracias Shua, Hashem te bendiga-
-Y que a ti te ilumine y te quite lo analfabeta- dice Shua antes de colgar.
El lugar es un barrio popular de aspecto poco amistoso, callejones y pasillos por doquier asemejan un laberinto urbano. Le pido a Ian que disminuya la velocidad y mis ojos observan atentos cualquier indicio, por mínimo que sea, que me muestre la presencia de Tympanios. Hago una llamada al teléfono que viene en la tarjeta que me dio el frutero, un conmutador contesta mientras una voz grabada me dice que espere, como fondo musical suena “99 red ballons”. Cuando contestan del otro lado me informan que los miembros extraviados de la orden ya aparecieron, los encontraron muertos, los tres mutilados, como si hubiesen sido atacados por algún animal.
Doy la dirección en la que me encuentro pido apoyo y cuelgo cuando unos metros más adelante en una de las múltiples callejuelas localizo la chopper sin su conductor.
-Detente aquí Ian-
-Te espero-
No lo contradigo, no tiene caso, además es bueno tener una ruta de escape rápida. Camino por el oscuro callejón lo más alerta que mi mente y visión me lo permiten.
Voy con extrema precaución observando todo lo que puedo mi entorno. Muchas sombras, una oscuridad que estremecería a cualquiera. No llevo arma alguna, excepto por mi inteligencia.
Según el archivo solo faltarían cuatro personas más que han estado en contacto con la cruz cruzada, Violeta Fremder, “el Patrón”, el tipo que tiene esta dirección y yo. El laberinto de callejones hace que me sienta incomodo, es un lugar perfecto para una emboscada. A mi mente llega un fragmento de la Vihi Nasm, que es como se conoce al salmo 91: “No tengas miedo a los terrores nocturnos…”
Al final de uno de los pasillos me topo con un cuartucho que tiene una puerta metálica entreabierta. Me acerco con sumo cuidado y apenas asomo mi cabeza me percato del escenario: Mis libros se encuentran regados por todo el suelo del cuartucho pero no es lo único que mis ojos ven: un hombre se retuerce en el piso emitiendo un sonido ahogado que escapa de su garganta, disfonía le dicen los médicos. El color azul de su piel es clara prueba de su anoxia provocada por la asfixia que le causa el denso humo negro que entra por su nariz. El arpad lehashmid está justo ahí haciendo uso de su “morfosis”, el fenómeno psi que le permite cambiar de forma y desvanecer su propia materia.
El maldito shed está tratando de asfixiarlo, mis esfuerzos por hacer que el hombre respire son en vano. ¿Cómo puedo dañar lo que no puedo siquiera asir? ¿Cómo evito que respire el maldito humo? ¡Hijo de…Lillith! Necesito hacer algo pronto y entonces una idea asalta mi cabeza.
-¡Tympanios, déjalo! Yo soy el único que puede llevarte a donde está la cruz-

La densa niebla negra parece escucharme y abandona los pulmones del tipo que comienza a respirar de nuevo, el oscuro humo es como un gran chorro de tinta que vuelve a reformarse en el hombre de cabellos rojizos. Su gesto muestra una mueca que asemeja una sonrisa. Junto a mis libros en el suelo el tipo se encuentra tosiendo pero a salvo. Sé que se recuperará, siempre y cuando logremos salir de esta. Mi mirada se topa con la del pelirrojo que no deja de sonreír.
Nuevamente la sien comienza a molestarme pero está vez el dolor se expande hasta detrás de mi ojo, la peor neuralgia que haya sentido jamás. El maldito arpad lehashmid quiere entrar en mis pensamientos, démosle algo en que entretenerse entonces.

Imagina esto, trata de pensar que, de acuerdo a la kabbalah, en un principio era la nada.
-¿y luego?-
¡Vamos! No imagines un espacio vacío, puesto que eso ya es algo, no pienses en un lugar en blanco porque eso también es algo, trata con todas sus fuerzas en conceptualizar y abstraer la realidad absoluta de lo que la nada es.
-Eso es imposible-
Si no has estudiado Kabbalah lo es. Como sea, Tympanios parece molestarse por la resistencia que muestro y olvida las tácticas mentales dando paso a la confrontación física, lanza varios golpes con gran agilidad que voy desviando como mis reflejos y atención me lo permiten, lo único que necesito es ganar tiempo.
El hombre del suelo levanta la cabeza y observa hacia la entrada del cuartucho, todavía da unos ligeros tosijeos, a la habitación entra Ian con una mujer, es Violeta. De acuerdo al archivo de la orden ella posee una habilidad paranormal catalogada entro de los “fenómenos PSI Kappa”, ya sabes, cualquier fenómeno que se manifiesta de manera física.
En su caso ella posee algo llamado fotogénesis, la capacidad de crear luz.
Atanasio Tympanios es un Layla benu, un hijo de la noche, de las tinieblas. Y es exactamente en la raíz de su origen que está la forma de detenerlo.
El hijo de Lillith se da cuenta de los presentes, es obvio que leyó el archivo e intenta atacar a Violeta, se lo impido sosteniéndolo con todas mis fuerzas por la espalda aprovechando la distracción.
-¡Ahora! ¡Luz, Violeta, toda la luz que puedas!-
Un impresionante destello luminoso inunda toda la habitación. Luz y más luz, radiante, cálida y confortable luz. Mis ojos se cierran, escucho el último grito del arpad lehashmid que se desvanece entre mis brazos y me cubro los ojos con las manos, protegiéndolos de la incandescencia que emite el cuerpo de Violeta.
Cuando todo termina observo a Ian y a Violeta preguntándome por que arribaron juntos, el fotógrafo que se percata de mi duda simplemente dice:

-Vamos NEGRO ¿En verdad pensaste que me quedaría sentado esperando? ¡Tenía que tomarle una foto al tipo de la niebla!-
-Cuando llegué lo encontré husmeando, me preguntó si yo era el apoyo que tú esperabas, además estaba el auto rojo, por lo que asumí que era otro apoyo de la orden- agregó Violeta
Para ser alguien que crea luz, la mujer no es muy brillante. Ahora Ian seguramente tiene fotos e información extra que no debería poseer, algo que tuve que resolver después.
Marco al número de la orden, nuevamente 99 red ballons acompañan mi espera.
-Misión cumplida. Amenaza exterminada. Ah, necesitaré una mochila nueva-
Cuelgo y entre Violeta, Ian y yo subimos al tipo del cuarto al Shellby Cobra para llevarlo al hospital para que sea atendido.


-Un momento. ¿Estás diciendo que el espíritu ese es detenido simplemente con luz?-
No “simplemente con luz”. La frase correcta más bien sería con una gran fuente que irradie luz.
-¿Qué pasó con el tipo de la vecindad? ¿Sobrevivió?-
Tres días después el miércoles, 26 de Mayo lo vi en un bar.

La música raï suena con los clásicos instrumentos (la flauta, la derbouka y el bendir) que lo caracterizan, acompañados por un beat electrónico bastante agradable, al menos a mí y a otras sesenta personas más que nos encontramos en el bar nos agrada. Un poco de fiesta con los amigos después de una situación como la pasada el fin de semana no cae nada mal.
Me encuentro sentado en una mesa junto con Asier Aydin, alias “la Oruga”, poseedor de algunas facultades catalogadas Psi-gamma, es decir aquellos manifestados en un orden mental.
La Oruga posee telepatía y la hiperosmia, que es la capacidad de captar, por medio del olfato, manifestaciones paranormales. Fue él quien me invitó a su bar en agradecimiento por salvarlo del layla shed, el espíritu de la oscuridad que casi lo mata tres noches atrás. Hemos hablado de muchas cosas y sé que por su habilidad el podría olfatear cualquier espíritu, objeto o persona que tuviera algo paranormal.
-¿Y bien?- pregunto yo
Niega con la cabeza sonriendo.
-Nada, hueles a nada. Eres absolutamente normal-
Sonrío ante la frase mientras aspiro un poco de la hookah (conocida también como narguile, cachimba, shisha o pipa de agua)
-¿Cómo que normal? ¡Dijiste que tenías criptomnesis!-
No. Dije que la orden decía que yo tenía criptomnesis. Lo que yo tengo es una combinación de observación, pensamiento analítico, retención y memoria. Además de un tipo de pensamiento de asociación y correspondencias, ya te lo había dicho, además recuerda que para mí no existe el término “normal”…
-¿Qué hay de Ian?-
Lo silenciamos.
-¿Quieres decir que lo mataron?- Comienzo a preocuparme.
NEGRO se percata de mi nerviosismo y sonríe para después hablar.
Como favor extra le he pedido a la Oruga que usara su telepatía para instruir a mi amigo Ian Andazury para su acercamiento con la mujer con la que camina en ese momento tomado de la mano con dirección fuera del bar. Se ve radiante y feliz, con eso hemos comprado su silencio. Cuando pasan cerca de nuestra mesa sonríe y se despide con un gesto. Alcanzo a escuchar cuando ella le pregunta a Ian extrañada:
-¿Quiénes son?-
-“La Oruga” y el
NEGRO-
-¿Y qué onda con ellos? ¿A que se dedican?-
-La oruga es el dueño del bar-
-¿Y el otro?-
-Pues no conozco muchos como él, pero te aseguro que el NEGRO es el mejor en lo que hace.

Veo como observa varias veces el espejo lateral.
-¿Qué pasa?- le pregunto

Nos vienen siguiendo, al parecer dos vehículos. La camioneta roja seguramente con Micaelitas y el mercedes gris deben ser sangre azul, dos cuando menos.
-¿Micaelitas? ¿Sangre azul?- Veo el retrovisor. Es verdad detrás un mercedes gris lleva rato ya, al igual que una camioneta tipo Van. -¿No se supone que los Micaelitas son los de caza y captura de “la Orden Roja”?-
Precisamente ellos. Da vuelta aquí, a la izquierda.
Giro el volante justo al arribar a la esquina con una frialdad que me sorprendo a mí mismo. -¿Por qué te siguen?- No contesta y solamente me ordena: ¡Acelera! Obedezco y mi auto aumenta la velocidad. Es un buen auto he de decir, un 300Z color plata. Además tomé los cursos necesarios para obtener mi licencia con maniobras evasivas. Continuo conduciendo siguiendo las instrucciones de NEGRO tratando de perder el mercedes y la Van que nos siguen. Doy vuelta a la izquierda apenas NEGRO me lo indica. Justo al llegar a la esquina, mientras giro el volante y el auto se derrapa haciendo rechinar las llantas sobre el asfalto alcanzo a ver como el mercedes se frena pero la Van no alcanza a hacer lo mismo, estrellándose contra el auto gris. Perdimos a nuestros perseguidores. Continúo siguiendo las indicaciones de NEGRO hasta que llegamos a lo que parece ser una escuela. -¿Qué sucede NEGRO? ¿Por qué carajos te están siguiendo? ¡Y más vale que respondas o no estoy dispuesto a seguir con esto!- le digo molesto. El solamente me mira antes de decir:
Porque robé el archivo de MoFos mentales de la Casa Capitular
-¿De qué diablos estás hablando? ¡Tú! ¡Estás loco y estás tratando de volverme loco!- reacciono así por los nervios.
Tranquilo Pepe. No es mi intención volverte loco. Tu mismo viste que nos seguían, dame tiempo de terminar el relato y todo se aclarará.
Por supuesto que los autos esos nos seguían, así que lo que parecía ser las fantasías de un desconocido comenzaban a tomar forma y en mi interior comenzaba a preocuparme que era, exactamente, lo que yo tenía que ver en todo esto. Entro en calma después de unos minutos y pregunto: -¿Qué hacemos aquí?-
Estamos esperando a Sílfide.
-¿Sílfide?-
Una MoFo Mental de "la Orden Roja". Así suelen llamarles. M.F.Ψ. (Miembros con Facultades Psi) Agrandas los puntos y son como “o” Miembros con Facultades Mentales, más propiamente con fenómenos psi.
-¿Y para que estamos aquí?-
Venimos porque ella va a terminar de responder como fue que di contigo haciendo las maravillas que ella sabe hacer
-¿Es de fiar? ¿Cuál es su facultad psi?-
Yo confío en ella, eso debe bastarte Pepe.
-¿Cómo la conociste? ¿También te debe un favor?- Sonríe ante mi pregunta para después desviar la mirada hacia la ventanilla del auto y encender un cigarrillo antes de responder.
No, ella no me debe un favor. Nos conocimos cuando ambos formamos parte de la Séptima Orden
-¿La Séptima Orden?-
¿Quieres encender tu grabadora mientras aparece Sílfide y te cuento como la conocí?
No respondo y solo hago “click” al botón rojo de mi vieja grabadora.


Fin del Capítulo V

"Las aventuras de NEGRO y la Orden Roja, Proyecto AVATAR" Noviembre 2009



lunes, octubre 4

Axiomas Mágicos









"La Magia tiene sus leyes, sus procedimientos, sus metodos y sus reglas practicas."





"Ninguna operación mágica puede efectuarse sin que intervenga, cuando menos, una inteligencia"





"El mundo se sostiene y se compone de fuerzas y formas. La Magia es la ciencia que estudia y maneja las energías para dar movimiento a distintas fuerzas y así manifestar formas especificas"


"Toda modificación de una fuerza da cómo resultado un cambio de forma de manera directa o indirecta; a su vez este cambio arrastra otra fuerza y la modifica de manera indirecta pero proporcional, dando como resultado manifestaciones de diversas formas"










"Las palabras al generar vibraciones construyen o destruyen. Si la palabra es congruente con la intención genera la manifestación adecuada en el externo, pero si hay contradicción generará complicaciones internas y externas en el emisor. Por ello el gran regulador de los decretos, oraciones y palabras mágicas es la inteligencia"














miércoles, septiembre 29

"El Oni verde de la ira" (Ikari Midori Oni) Cap IV


Lo que voy a contarte sucedió un lunes 3 de Mayo.

Aguardo sentado sobre la incómoda silla de plástico, observando cómo pasa la gente de un lado a otro con sus caras de desesperación, angustia y preocupación. Es increíble que un lugar designado a realizar tantos beneficios pueda producir todos esos estados y sensaciones en las personas, en lugar de generar calma, esperanza y seguridad. Debo reconocer que, en lo personal, tampoco los hospitales son mis lugares favoritos, pero solamente por dos razones: En primera, tanto color blanco me enferma y en segunda, no se puede fumar. Después de la larga espera por fin vuelve a salir el médico que me entrega una receta que contiene la razón que me ha hecho ir a tan desagradable lugar, echo un vistazo y leo las letras escritas en tinta roja: “Centro cultural japonés. Objetivo, máscara Ikari Midori Oni”. Esa es la siguiente misión que me está dando "la Orden Roja". Pregunto cómo reconocerla y el galeno me da una foto donde se muestra una horripilante careta en color verde que expresa un aterrador gesto demoniaco y además posee dos prominentes cuernos en una tonalidad más oscura.

-Un momento NEGRO. No estoy dispuesto a seguir escuchándote si no me ofreces pruebas. Y tu gorro de Santa Claus no me es suficiente- de su mochila saca una hoja impresa donde muestra la Cruz Cruzada tal como la había descrito y además la foto de la horripilante máscara.

¿Suficiente?

-De momento si, continúa-

Salgo de la cruz roja y compro unos cigarros en una farmacia a media cuadra. Paradójico. Nunca he entendido por que en un establecimiento que tiene como objetivo proveer medios para el restablecimiento y cuidado de la salud, venden tabacos; una de las miles de contradicciones de este mundo incongruente.

Camino con rumbo al centro cultural japonés calculando arribar en aproximadamente una hora a mi paso; justo el tiempo preciso para que el día muera y comience a nacer la noche que me acompaña con sus características luces celestes y terrenas. Al parecer no es lo único que me hace compañía, desde que salí del hospital un auto ha seguido la misma ruta que yo a una distancia prudente pero notoria para cualquier persona lo suficientemente observadora. Corroboro que mi suposición no sea simple paranoia doblando en una esquina y deteniéndome para sustraer de mi mochila un libro al azar, el auto pasa disminuyendo la velocidad lo que hace que me ponga aún mas alerta. Para cuando tengo en mis manos el diccionario de sinónimos, logro ver de reojo cómo pasa el coche y noto que lleva dos personas, el conductor y un pasajero en la parte de atrás.

Leo la entrada de “inteligente”: lúcido, listo, ingenioso, hábil, capaz, talentoso, esclarecido, juicioso, entendido, penétrate, perspicaz… Yo le agregaría un sinónimo más: NEGRO. Continuo mi camino como si no me hubiera dado cuenta de nada, más me aseguro de que no me pierdan el rastro. Necesito averiguar quién me está siguiendo y porque.

En el centro cultural hay un pequeño teatro que las personas podrían creer que sirve para kabuki, una de las expresiones más conocidas del arte nipón; sin embargo no se utiliza para tales fines, si no para el Noh, un drama aristocrático que se remonta al siglo XIV, único por su lentitud, austeridad, belleza en lo sutil y formalidad; además del uso distintivo de máscaras. Suelen ser dramas breves no más largos de dos horas que se acompañan además de actores y vistosos trajes con cuatro músicos que tocan tres tipos diferentes de tambores y una flauta que es la única que conduce la melodía, la temática suele ser solemne y trágica aludiendo a simbolismos legendarios o históricos.

-Nunca había escuchado hablar del Noh-

Existen aproximadamente 250 obras para noh, clasificadas por temas; los hay misceláneos, de mujeres, de guerreros, de divinidades y de demonios. Los temas de demonios suelen tener un ritmo más rápido y se apoyan en el tambor llamado “taiko”, donde una rítmica danza lleva a su punto culminante.

Entro en el teatro mientras la música suena y los actores realizan su performance, trato de colarme hacia detrás del escenario imaginando donde puede estar la Ikari Midori Oni. Busco lo que serían los camerinos, el área de vestuario y de utilería, hasta que encima de una enorme caja de madera que contiene varios vistosos y coloridos atuendos, distingo la horripilante máscara verde junto con otras tantas más. Sacó la fotografía para compararlas y revisar que coincida cada detalle. Miro a mí alrededor para asegurarme de que nadie me observa, envuelvo la máscara en un lienzo de seda que encuentro a la mano y guardo el botín en el interior de mi mochila.

Tomo un pasillo que me conduce hacia la salida del teatro y arribo nuevamente a la calle con una facilidad que no me deja nada tranquilo, sin embargo no hay nadie que me detenga o me diga algo. Regreso rumbo al hospital percatándome nuevamente del automóvil que sigue mis pasos. Voy demasiado preocupado por las intenciones e identidades de los integrantes del vehículo que me vigila, que apenas me percato de la voz femenina que grita mi nombre tres veces.

-¿Tu nombre?-

Sí, mi nombre real por el que hace tanto tiempo nadie me dice, nadie excepto ella. Volteo después de asimilar que se dirige a mi persona y descubro a Blanca sonriéndome desde una camioneta.

-¡Hola! ¿A dónde vas?-

La miro un tanto cuanto confundido. Se ve hermosa, como siempre. Sus expresivos ojos me atrapan exactamente igual que la primera vez. Apenas si alcanzo a oírme lo que le respondo. Salgo poco a poco del aletargamiento mental cuando vuelve a hablar.

- Te llevo, yo voy para allá a recoger a Braulio-

El Dr. Braulio Brambila, su esposo, prominente médico, cirujano plástico; un individuo útil y funcional, para lo que se supone debe ser la existencia de acuerdo a los estándares que ha determinado la masa consensual.

Llegamos a la cruz roja y el hombre diez años mayor que ella ya está esperándola. Cuando me ve bajar de la camioneta hace el mismo gesto de desagrado que hago yo.

-Buenas noches- dice por pura educación

-Buenas noches Doctor B.B-

Tuerce la boca, odia que le diga así. Blanca se dirige a él como bebé como mote cariñoso, yo por supuesto lo hago por dos razones: debido a sus iniciales y por molestarlo. Él regresa la ofensa besando a su esposa, mi ex-novia, delante de mí. Siento como me quema el estómago, menos mal que estamos en un hospital.

Me despido de Blanca y me dirijo a buscar al médico que me dio la receta con la encomienda de la orden. Espero nuevamente sentado en la silla de plástico y me doy cuenta que la presencia de Blanca Barrera me hizo olvidar a los sujetos que me seguían, en eso estoy cuando una enfermera me dice que puedo pasar al cubículo del doctor.

-¿Tienes mi encargo?-

Abro mi mochila sin responder y con toda la calma posible tomo el lienzo de seda donde traigo envuelta la Ikari Midori Oni mientras observo el escritorio del doctor. Sobre el hay un recetario, un portaplumas metálico para tres bolígrafos, la clásica tira donde viene el nombre del médico grabado... Llama mi atención lo que está ahí: “Dr. Akiai”. Miro que el galeno no tiene un solo rasgo oriental. Para cuando tengo la máscara en mis manos he alcanzado a notar un par de portarretratos en donde no aparece la persona que espera con ansia que le entregue el paquete.

-¿Y qué hace exactamente?- pregunto sin darle el lienzo que conservo entre mis manos.

-Uhm… es una reliquia-

-No pregunté que es, si no que hace-

El doctor extiende su mano con cierto aire de desesperación. Observo mejor su vestimenta, es absolutamente blanca, por supuesto, exceptuando por la corbata en color azul. Eso no es normal, desde que trabajo para la orden los contactos siempre han llevado algo carmesí y lo único de ese color aquí es la cruz roja.

No me parece suficiente.

-Dame la máscara, lo que haga no es de tu incumbencia-

-Con gusto, solo dígame porque la quiere la orden-

-No es tu trabajo realizar preguntas-

-Quizás, pero para quedarme tranquilo ¿Qué es lo que hace exactamente la Ikari Midori Oni? No me gustaría cometer ningún error…-

-Quien obedece no se equivoca. Entrégame la maldita máscara infernal-

Niego con la cabeza y me pongo alerta pues descubro que una de las manos del doctor no está a la vista. Cuando trato de salir por la puerta un bisturí vuela zumbando cerca de una de mis orejas; no tengo tanta suerte cuando un segundo proyectil golpea justo donde se dobla mi pierna izquierda, trastabillo y caigo al piso.

Mis manos dejan escapar el lienzo de seda y la máscara de madera de ciprés de 21 cms de largo por 14 de ancho y 7 de grosor, barnizado con polvo de jade y coral, rebota por el suelo una y otra vez.

Lo que viene a continuación sucede demasiado deprisa: el zapato del “doctor” choca contra mi cara y siento como el calor invade mi rostro, pruebo el salado sabor de la sangre en la boca y miro entre cientos de vueltas cómo un borrón blanquecino escapa con la máscara color verde. Para cuando llega la ayuda ya es demasiado tarde, el tipo ha escapado con la Ikari Midori Oni.

El verdadero Dr. Akiai hace su aparición y atiende mis heridas. Por fortuna no hay nada que lamentar, excepto por el portaplumas metálico que ha dejado de ser útil después de rebotar en mi pierna, rasparse y abollarse.

Después de tomar un analgésico, un desinflamatorio y verificar la identidad de Akiai -quien por cierto sí es oriental y lleva una corbata roja- escucho la explicación de lo ocurrido, mientras viajamos en un automóvil sin un destino específico.

-Lamento lo ocurrido. Realmente me tomaron por sorpresa. El tipo entró como si fuera un paciente y cuando me di cuenta ya se había abalanzado sobre de mí con una jeringa-

-¿Qué ocurrió después?- pregunto mientras sostengo la bolsa de hielo en mi rostro.

-Me desvanecí. Desperté dentro del almacén de intendencia amarrado de pies y manos con una cinta en la boca. Utilicé algunas técnicas de escapismo y en cuanto estuve libre me dirigí hacia el consultorio lo más pronto que pude-

-¿Tienes alguna idea de quién es? ¿Cómo sabía que iría a recibir las instrucciones de la orden? ¿Por qué no fue él por la máscara? ¿Cuál es la historia detrás de la Ikari Midori Oni? ¿Para qué sirve o que hace?-

-La Ikari Midori Oni es un antiguo talismán que data del siglo XVI. La leyenda cuenta que un monje artesano la talló para una obra de Noh que el mismo compuso, donde narra la historia de su amada que fue muerta aplastada por un ciprés durante una tormenta, el árbol cayó tras haber sido golpeado por un rayo y el monje utilizó el mismo tronco que terminó con la vida de la joven. Originalmente la máscara tenía la forma de un rostro femenino y había sido barnizada solo con polvo de coral, como muchas de las máscaras de este sublime arte; sin embargo y de acuerdo con la leyenda, cada noche que el monje realizaba su meditación el fantasma de la mujer no le permitía concentrarse, lleno de ira la maldijo, situación que atrajo a los poderes del Yomi, el inframundo japonés, que se llevaron al hombre a los infiernos, pues tal comportamiento no era digno de un monje. Ahí fue convertido en un Oni, un espíritu de odio y venganza que azotó el monasterio, hasta que los monjes lograron encerrarlo a través de oraciones y mediante el uso de Reiki en la máscara, que se transformó en el horripilante gesto que ya viste-

Ahí estaba. La máscara era un amuleto que mantenía encerrado a una entidad de puro odio y rabia. Había sido recubierto de jade para refrenarlo debido a las cualidades atribuidas a la piedra verde: inmutabilidad, pureza, claridad, armonía y bondad. Encerrado por varios monjes aplicando Reiki.

-¿Un espíritu de odio y rabia encerrado en una máscara con reiki? ¡Por favor!-

Las personas que han escuchado hablar de este arte japonés piensan que solamente es una terapia alternativa de curación, dividida en tres niveles en donde se entregan “marcas” o símbolos (que en realidad son kanjis, una de las tres escrituras japonesas además del hiragana y katakana) por la cual se pagan cantidades exorbitantes de dinero para ser “maestro Reiki”. Por supuesto están más que equivocados.

Cómo siempre la gente solo repite sin profundizar.

La palabra significa literalmente “energía vital universal” y se basa en cinco principios fundamentales:

1.-No te enfades

2.-No te preocupes

3.-Da gracias

4.-Trabaja honestamente

5.-Se paciente

Su objetivo no es curar el cuerpo, si no alcanzar la iluminación, entendida como un estado de conciencia donde hay una unificación con el Universo, una comprensión de la existencia misma. La técnica terapéutica ni siquiera es de antigüedad suficiente como muchos creen, apenas fue creada a principios del siglo XX.

-De acuerdo, juzgue mal. ¿Qué pasó con la máscara?-

-¿Qué tan frágil es la máscara?- le pregunté a Akiai

El sabía por qué lo preguntaba, si un talismán que tiene contenido a un espíritu es roto, este es liberado y por lo general no se presenta de muy buen humor.

Además si quien le libera no es alguien que de verdad conozca de las artes mágicas y cree que por el simple hecho de librar a un demonio de su aprisionamiento este le servirá agradecido, suele darse cuenta de su error demasiado tarde.

-No hay nada de qué preocuparse NEGRO, la Ikari Midori Oni es prácticamente indestructible, de hecho solo hay una persona que sabe cómo hacerlo-

-¿Nada de qué preocuparse dices? Piensa esto Akiai, ¿Había algo de qué preocuparse después de que la orden me envió el mensaje para que me presentará en la cruz roja? ¿Había algo de qué preocuparse cuando escribiste la misión en la receta médica?-

El oriental guardó silencio. El planteamiento que le había hecho lo dejó pensando, sabía que le hablaba con razón.

-No sabemos quién robó la máscara, ni si su objetivo sea liberar al Oni-

-No sabemos sus intenciones y desconocemos su nombre, pero tengo la matrícula de un auto que puede darnos una pista-

-¿Qué quieres decir?-

-Mientras tú jugabas a ser Harry Houdini y yo iba por la máscara un auto me seguía, observé el modelo y memoricé la matrícula-

Los ojos rasgados de Akiai se abrieron todo lo que su fisonomía le permitió. Una sonrisa terminó de adornar el gesto que desapareció casi inmediatamente para regresar a la sobriedad tan característica de la mayoría de los nipones.

Estaciona el auto sin apagar el motor.

-Buen trabajo. Dame el número de matrícula, la orden hará el resto. Da la misión por concluida, te buscaremos para la siguiente -

Le doy el número sin decir más y me bajo del auto. Camino por las calles pensando donde pasaré resguardo esta noche; paso por una construcción que parece ser una buena guarida para hoy, me aseguro de que no tenga vigilancia y me acomodo alistándome a dormir. Me duele la pierna, la cara, pero sobre todo me duele el orgullo. No estoy de acuerdo en que me hayan sacado del caso; con ese y muchos otros pensamientos más, me duermo.

Después vino el viernes 7 de mayo

He hablado con Shua Ben Yosef que me proporcionó un nombre y una dirección del dueño de la matrícula del auto, gracias a sus contactos en el departamento de tránsito. Por supuesto que no me iba a quedar de brazos cruzados sin recuperar la máscara. La casa a donde llego es bastante grande, una mansión de lujo diría yo. Observo detenidamente cualquier punto débil que pueda tener para colarme en el interior, hay poca iluminación y el lugar no parece contar con cámaras de vigilancia, aunque sí con reja electrificada y altas bardas. No pasan más de 15 minutos cuando el portón eléctrico se abre. Un auto, el mismo que me seguía hace unos días, va entrando solo con el conductor que no se percata cuando me cuelo detrás en cuclillas para evitar ser visto por el retrovisor. Me oculto tras una enorme roca que, además de funcionarme como cobertura, tiene forma de yunque. Una fuente de agua bastante original, debo decir.

Cuando el chofer baja del auto se dirige a abrir la cajuela y baja a un hombre que viene amarrado y con un capuchón en la cabeza.

No puedo evitar aprovechar la oportunidad. Sé que no es honorable atacar a alguien desprevenido, por la espalda y con una mochila tan pesada, pero ¡qué diantres! Tampoco lo es amarrar a alguien de esa forma.

El impacto de la mochila sobre la nuca es suficiente para dejar fuera al chofer. Retiro el capuchón del personaje y le desamarro. El hombre de unos 50 y tantos años tiene rasgos orientales y me mira extrañado pero se ve agradecido. Le hago un gesto con mi dedo índice para indicarle que guarde silencio mientras obtengo las llaves del coche después de registrar al chofer. Se las entrego y me dirijo hacia el interior de la mansión.

Me lleva media hora encontrar el salón lleno de vitrales góticos donde hallo la Ikari Midori Oni encima de un escritorio bastante elegante, detrás del cual se encuentra un hombre, el mismo que en días anteriores estaba en la cruz roja.

El tipo no parece sorprendido cuando me ve.

-Sabía que tarde o temprano vendrían por su ídolo pagano, por su artefacto de Satanás. NEGRO y la Orden Roja. Creo que eso lo dice todo, los colores del mal, de la oscuridad misma, el color de la piel del diablo, de la lujuria, de la ira…-

Me pongo alerta mientras el tipo continúa hablando, no quiero sorpresas. Camino poco a poco, intentando acercarme al escritorio.

-Pero pierdes tu tiempo. Voy a destruir la máscara infernal y averiguaré todo acerca de ustedes y su sociedad hereje-

-No sé de que estés hablando Lucio- digo el nombre que me dio Shua, esperando su reacción y al mismo tiempo doy otro paso hacia delante.

-¿El diablo te dijo mi nombre? De poco te servirá saberlo, el príncipe de las milicias celestiales me acompaña. Además no estoy solo, tú tienes tu sociedad satánica; yo, el movimiento unificador y restaurador del orden que traerá el reino del Señor a la tierra-

Esto es peor que enfrentarme a cualquier espíritu, demonio o fenómeno paranormal: Un fanático religioso.

-¿Eres antirreligioso NEGRO?-

No estoy en contra de ninguna religión, de hecho podríamos decir que hasta soy promotor de que cada individuo tenga una. “Religare” significa volver a unir y en este mundo donde la masa consensual ha fraccionado cuerpo, mente y espíritu, el que vuelva a unir cada parte de manera integral mediante una filosofía espiritual me parece perfecto.

El problema es que muy pocos son los que en realidad comprenden y siguen la verdadera filosofía religiosa. Cómo dijo François Marie Aroue: “La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio”.

-¿El reino del Señor en la tierra, dices? ¿A cuál señor sirves?- le digo mientras avanzo un poco más.

Estoy a unos cuantos metros del escritorio y tener al alcance de mis manos la Ikari Midori Oni. -Vamos NEGRO sigue así, casi lo consigues- me digo a mi mismo para mis adentros.

-Al único que existe. El todopoderoso- dice Lucio al tiempo que inclina ligeramente su cabeza y se santigua.

Aprovecho el ligero instante donde el fanático se distrae y me muevo lo más rápido posible corriendo hacia enfrente, alcanzando el borde del escritorio. Estiro mi mano y tomo la máscara verde de uno de los cuernos. Lucio se levanta de la silla en ese instante al darse cuenta de mi movimiento y lanza un ataque con el arma que empuña: un afilado abrecartas que choca contra la madera de ciprés barnizada con coral y jade. El gesto de Lucio es de incredulidad cuando la hoja del estilete se rompe con una facilidad que, incluso a mí, no deja de sorprenderme. Aun así reacciono antes que él.

-¿Qué hiciste?-

No voy a mentirte, me cobré con réditos el golpe en la pierna y la patada en la cara utilizando el horripilante rostro verde de la ira, hasta que la voz de Akiai me gritó que me detuviera. El Doctor arribó junto con una docena de ninjas vestidos de rojo, que se encargaron de hacer la limpieza del lugar. El pobre Lucio fue a parar al hospital con la mandíbula rota

Ya es sábado 8 de Mayo, pues son las 00:45 hrs

Me encuentro afuera con el Dr. Akiai cuando el cristal de la ventanilla de una elegante limosina se baja lentamente, en el interior se encuentra el hombre de 50 y tantos años que liberé. El doctor le entrega la Ikari Midori Oni, él la observa y limpia un poco la sangre con un pañuelo de seda escarlata. Dice algo en japonés con tono autoritario, Akiai parece responder afirmativamente.

-Ichiro-san agradece tu intervención y dice que está en deuda contigo. Que cuando necesites algo, no dudes en pedírselo, a través de mí-

Me entera que es el encargado del reclutamiento y líder los shinobi (ninjas) de la orden. Hago una reverencia con la cabeza y digo la única frase en japonés que el Gordo me hizo favor de enseñarme:

-“Watashi wa Kuroi desu, watashi wa nani su beki ka de saiko da”-

El duro gesto de Ichiro-san dibuja una sonrisa. Vuelve a decirle algo en japonés a Akiai, sube la ventanilla del auto y la limosina arranca, alejándose de nosotros.

Me despido del doctor y comienzo a caminar, llevo unos cuantos pasos recorridos cuando Akiai me llama:

-Ichiro-san dijo que le daba gusto -

-Qué hayamos recuperado la máscara verde, supongo-

-No. Que sepas decir en japonés que eres el NEGRO y seas el mejor en lo que haces-

-Ok. Este tal Ichiro es el jefe de los ninjas de la orden y Akiai es algo así como su secretario…-

-Su mano derecha, sí-

-Bueno y viniste a verlo para cobrar esta deuda. ¿Qué le pediste exactamente?-

No dice nada pero de su mochila saca, lo que parece ser, un par de revólveres: dos Colt Peacemaker perfectamente limpias que dejan escapar su brillo como si hubiesen sido lustradas.

-Fueron hechas en 1875, directo del viejo oeste para ti Pepe-

-¿Para mí? ¿Estás loco?-

-Vas a necesitarlas, créeme-

-¿Para qué?-

-Por los terrores nocturnos-

-¿Qué se supone que significa eso?-

-Continúa conduciendo y te hablaré de mi experiencia con uno de los hijos de la noche-

Sigo sus instrucciones por temor a que utilice las pistolas contra mí. No me gusta lo que sucede, pero debo reconocer que mi curiosidad es más fuerte. Además, ambas colt si es verdad que son originales, son una joya. NEGRO comienza a hablar cuando se asegura que he colocado un nuevo cassette en mi vieja grabadora.





Fin del Capítulo IV

"Las aventuras de NEGRO y la Orden Roja, Proyecto AVATAR" Noviembre 2009